lunes, 20 de mayo de 2013

Madres de desaparecidos, cansadas de las promesas incumplidas de las autoridades

20 de mayo 2013
la jornada jalisco

• “En todas las dependencias no hacen nada, es lo que me tiene más desubicada”, dice doña Naty.
Tuvieron que pasar nueve días para que la Secretaría de Gobernación atendiera a las madres que se mantenían en huelga de hambre frente a las instalaciones de la PGR. Foto La JornadaAlejandro Velazco.- Hace dos años y siete meses Dalia Guadalupe Cruz Guerrero, de 24 años de edad, y su esposo Luis Ramón Enciso Ramírez, de 21, desaparecieron cuando viajaban de Ahualulco a Guadalajara. En todo este tiempo, doña Naty, madre de Dalia, no ha tenido noticias del paradero de ambos, y conforme pasa el tiempo pierde más la esperanza en las autoridades.
Doña Naty y doña Lupita, dos madres jaliscienses que han vivido la pesadilla de las desa- pariciones provocadas por la creciente violencia en México, estuvieron dos días en huelga de hambre en la Ciudad de México, junto con nueve madres más y un padre, en exigencia de que el gobierno de la república haga su trabajo para localizar a sus familiares.
Las historias que conoció Naty van de búsquedas incansables de 19 años hasta las más recientes desapariciones durante el sexenio de Felipe Calderón, y aunque el grupo se mantuvo en ayuno por nueve días, Naty y Lupita volvieron antes a sus hogares en Guadalajara.
Nueve días tuvieron que pasar para que la Secretaría de Gobernación actuara ante la huelga de hambre, la promesa que hicieron el titular de la dependencia federal, Miguel Ángel Osorio Chong, y el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, es la creación de una unidad especial de búsqueda de desaparecidos.
Sin embargo, para Naty, estas promesas pueden ser sólo palabras, pues en su lucha ha escuchado tantos “discursos bonitos”, que ya no cree en nada.
“Luego dicen que la Ley de Víctimas, que nos van a apoyar con las desapariciones, pero yo no acabo de entender cuándo, o a qué hora (…) mi forma muy particular de ver esa situación es que a lo mejor se logran cosas, pero creo que estamos en la misma situación, porque siempre es lo mismo”, dice, con la mirada cansada de casi tres años de búsqueda, de desvelos y de pérdidas económicas.
Antes de perder a sus familiares, Dalia vendía arreglos florales en Ahualulco, pero el negocio desapareció. Las deudas adquiridas para hacer frente a los trámites burocráticos y a los viajes de búsqueda, dejaron en bancarrota a la familia.
Un día Dalia y Luis salieron a Guadalajara. A los cuatro días la preocupación invadió a Naty.
–Oiga Naty algo pasó con los muchachos–, fueron las palabras de su consuegro, a los cuatro días de no tener noticias. El primer pensamiento fue que había sucedido un accidente.
–¿Se accidentaron?–, cuestionó.
–No sé, no sé todavía, al rato va a venir el papá de Bernardo–. Dalia y Luis iban acompañados de otra pareja rumbo a la capital jalisciense.
El padre de Bernardo, un amigo de Dalia y Luis, les explicó que su esposa recibió un mensaje de celular desde Calera, Zacatecas, “dice que no puede decir nada porque su vida corre peligro y que recemos por ellos”.
Eso es lo poco que Naty sabe de ellos. Ahora, ella debe cuidar a Diego, su nieto de seis años de edad.
“Por más que hemos buscado y preguntado nadie sabe nada. Se los comió la tierra, pienso que alguien se los llevó para ponerlos a trabajar, porque he platicado con muchas compañeras en la misma situación y dicen que eso pasa, que así se llevan a los desaparecidos que están vivos, y a los que está muertos no sé cuándo vamos a saber”, relata Naty.
En la Ciudad de México, durante la huelga de hambre, su preocupación aumentó, pues se enteró de que han incinerado muchos cuerpos sin realizarles identificaciones de ADN, y su temor más grande es no poder saber si su hija y su yerno están vivos o no.
Tras el cambio de gobierno, la travesía de Naty se ha vuelto más complicada, pues en la Procuraduría General de la República (PGR) la han hecho empezar “de cero”. Los funcionarios que la atienden le han dicho que no tiene una averiguación previa, por lo cual todos los gastos y papeleos que ha realizado prácticamente fueron en vano, dos años y siete meses de lucha perdidos por las instituciones de procuración de justicia.
Tras la desaparición, los padres de Dalia acudieron al área de secuestros de la PGR, pero no ha habido ningún avance.
“En todas las dependencias no hacen nada, es lo que me tiene más desubicada. Les decía a mis compañeras: ‘toda la semana he estado muy mal, no sé realmente qué pensar, no he tenido la tranquilidad de ver qué es lo que voy a hacer, no he querido pensar’”, dice, mientras recuerda con tristeza que como ella hay miles de mujeres, de familias, de historias.
“¿De veras van a hacer lo que dicen?”, es el cuestionamiento que se hace tras haber vivido la huelga de hambre con sus compañeras y haber escuchado las promesas del nuevo gobierno priísta. Ella se dice incrédula.
En algunas ocasiones, ha cruzado por su cabeza dejar de buscar, quedarse sentada sin esperar, pues el cansancio ha quebrantado su salud y aún debe velar por el futuro de su nieto.
Pero a los pocos minutos, acalla esas voces internas: “no puedo dejar de seguir buscando a mi hija y apoyar a los demás. Tantas desveladas, tanto sin comer, se va el hambre, se va el sueño, es un desgaste tremendo, a lo mejor morimos en la búsqueda, pero hay que seguir”.
El miedo es algo que también ha perdido, ante una situación como la que vive, ella misma se convence de que hay que tener precauciones, pero al momento de actuar “no medimos las consecuencias”.
“Es algo que mueve a uno, como que no le importa a uno. Todas las mamás decimos lo mismo, no vamos a dejar, no sé a qué nos lleve todo esto, es por lo mismo, son nuestros hijos, no podemos quedarnos sentadas”.
Ahora Naty está en búsqueda de algún trabajo que le permita seguir subsistiendo con su nieto en Guadalajara, pues la calidad de vida que tenía en Ahualulco se perdió tras la desaparición de su hija, “son cosas que cambiaron toda nuestra vida, ojalá algún día las promesas dejen de ser discursos y se pongan a hacer lo que tienen que hacer, pero siento que va a ser demasiado tarde”


No hay comentarios :

Publicar un comentario