Por: Gerardo Fernández Casanova | aporrea/

Una golondrina no hace verano. El régimen cedió ante una presión llevada con inteligencia y dignidad, pero no modificó su criminal disposición privatizadora; la mantiene y la refuerza con singular fiereza, particularmente con un elegante gorila manejando y estropeando la educación pública. Contrariando las más recurrentes recomendaciones de la pedagogía moderna, que rechaza toda violencia, aún la de un ligero coscorrón al alumno incómodo, el encargado de la educación aplica garrote, tolete y hasta armas de fuego para corregir al magisterio que le es incómodo, el que protesta contra una evaluación punitiva y a favor de una verdadera reforma al contenido y la calidad de la enseñanza. Así pretende el gorila hacerse del prestigio que lo lleve a la candidatura presidencial por el PRI o, por lo pronto, a ser el favorito de los dueños del dinero y de los destinos del país.
No sólo no hay verano, sino que se recrudece el invierno latinoamericano. A la derrota del progresismo en Argentina se suma la brutal regresión venezolana. Este domingo quedó sellada la ignominia de un pueblo, por tradición bravo, que optó por la mansedumbre de alienarse ante la presión económica y mediática de la derecha más recalcitrante del continente, casi al nivel de Trump. Por lo pronto, la Asamblea Nacional estará dominada por los conservadores aliados al imperio y pondrán en la encrucijada al régimen de la Revolución Bolivariana.
Comencé este artículo con la idea de cerrar el año con algo positivo, distinto a lo que han venido siendo mis últimas contribuciones editoriales, de manera de dar soporte a una expresión de deseos de bienestar para el año que se aproxima. Lo siento; me gana la terca realidad abrumadora.
De todos modos, desde hoy me despido del año con el permiso de mis pocos pero distinguidos y amables lectores, deseándoles felicidades.
Nos leeremos en el 2016.
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