viernes, 20 de julio de 2012

El cártel de las encuestadoras


De cómo hirieron a la democracia
Política EMEEQUIS
Página: 16 - No.285 o descarga el PDF (2.19 MB).
Un grupo de encuestadoras bombardeó sistemáticamente a los ciudadanos con mediciones equivocadas, con “diagnósticos” completamente erróneos, que transmitían a los mexicanos una realidad ficticia de la campaña electoral: que Enrique Peña Nieto tenía prácticamente ganada desde el arranque, y con un margen muy amplio, la Presidencia de la República.
No resultó así: las cifras finales de la elección dan una ventaja al candidato del PRI de sólo 6.6 por ciento, en tanto que las encuestas le atribuían una diferencia de hasta 20 puntos. Fallaron por mucho.
Algunas de ellas han reconocido que sobrestimaron al PRI, pero especialistas y críticos dentro del propio gremio han alzado la voz. No basta con que digan “usted disculpe”. Lo que han hecho ha tenido un alto costo para la democracia porque han dañado la calidad de la elección.
Parametría, GEA/ISA, Consulta Mitofsky, Buendía & Laredo, Ulises Beltrán y Con Estadística crearon con sus encuestas una “la idea de que la elección ya estaba decidida, que era inevitable que ganara Peña”.
Todas ellas sobrestimaron la votación de Peña Nieto con 10 o 11 puntos de más. Conforman lo que ellas mismas llaman en broma como el “club de la sobreestimación”. Actuaron, así haya sido de manera informal, como un cártel, el de las encuestadoras.
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Por Zorayda Gallegos
zgallegos@m-x.com.mx • @zogallegos
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“Ahora sí, su show ya valió gorro”, sintetiza María de las Heras su ofuscación con una buena parte de su gremio. Gesticula, extiende las palmas de las manos, casi implora que le expliquen lo
que para ella, directora de Demotecnia, es inexplicable: por qué razón seis encuestadoras bombardearon a los ciudadanos –a través de radio, prensa, televisión e internet– con resultados que sistemáticamente sobrestimaban las preferencias por el candidato presidencial del PRI.

Se refiere a la abrumadora difusión de sondeos de opinión pública que mostraban una realidad ficticia, que les daba a los mexicanos una idea falsa: que Enrique Peña Nieto tenía prácticamente ganada desde el arranque, y con un margen muy amplio, la Presidencia de la República.
María de las Heras ya lo había advertido desde 2010: en las encuestas se había conformado una cargada de firmas que tendía a otorgarle al PRI preferencias mayores que las que obtenía en las votaciones finales. “Volvieron a utilizar el sistema que ya les había fallado. Por qué no cambiaron. Hicieron lo mismo. ¡Eso no se vale!”, se enoja mientras sacude ligeramente su fina y recortada cabellera platinada.
Puede darse el lujo de criticarlos porque la suya fue una de las más certeras encuestas a la hora de medir la diferencia entre Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador: menos de medio punto del resultado final de la elección. Pero pocos casos hubo como el suyo.
La difusión de encuestas durante la campaña se convirtió en una poderosa herramienta política. La avalancha de números de enero a junio exhibió una constante: la mayoría de las encuestadoras situaba a Peña Neto en un lugar inalcanzable, lejos, imbatible.
Eso era una orgía de números: parecía que las encuestadoras peleaban por ver cuál de ellas le otorgaba más ventaja al ex gobernador mexiquense.
Las encuestas habían perdido ya su “virginidad” cuando arrancaron las campañas en marzo y se convertían en un recurso propagandístico. No sólo los especialistas como De las Heras observaban con preocupación el fenómeno.
María Marván Laborde, consejera del Instituto Federal Electoral (IFE), lo alertó con anticipación. “Las encuestas se han convertido en elemento de propaganda y difusión de datos que no corresponden a la realidad. Los estudios de opinión son usados para decir mentiras; se están utilizando de manera mañosa”, dijo el domingo 3 de junio al diario La Jornada.
Además, comentó que se habían detectado deficiencias científicas: la gran mayoría no entregó base de datos. “Y si no nos están entregando metodologías, la situación se vuelve más preocupante porque puede llevar a cierta confusión al electorado”, advirtió la consejera del IFE.
Para entonces ya se había armado en los hechos un trabuco, un bloque de encuestadoras que otorgaba a Peña Nieto una ventaja de entre 16 y 18 puntos: Parametría, GEA/ISA, Consulta Mitofsky, Buendía & Laredo, Ulises Beltrán y Con Estadística.
Todas ellas aprovechaban su asociación con medios de comunicación para repetir incansablemente sus resultados. Lo hacían en el diario Milenio y Milenio TV, Televisa, Tele y Radio Fórmula, Cadenatres, Radio Imagen, Excélsior, El Sol de México y más de 60 diarios de su cadena, y El Universal.
Todas ellas sobrestimaron la votación de Peña Nieto con 10 o 11 puntos de más. Conforman lo que ellas mismas llaman en son de broma como el “club de la sobreestimación”. Actuaron, así haya sido de manera informal, como un cártel, el de las encuestadoras.

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Así define Wikipedia, en términos sencillos, lo que es un cártel: “Se denomina cártel a un acuerdo formal entre empresas del mismo sector, cuyo fin es reducir o eliminar la competencia en un determinado mercado. Los cárteles están encaminados a desarrollar un control sobre la producción para obtener grandes beneficios económicos en prejuicio de los consumidores”.
Al igual que los cárteles, ese grupo de casas encuestadoras controlaron el mercado de los números y las estadísticas, descalificando y tratando de “eliminar” del mercado los resultados de la competencia, sobre todo las de aquellas encuestas que no reportaban una distancia tan grande entre Peña Nieto y López Obrador.
De facto, se consolidó un control sobre la producción (encuestas) y la distribución del producto (medios de comunicación), generando así una forma de estructura de mercado monopolística.
Este tipo de acuerdos económicos (cárteles) obtienen más y mejores beneficios siempre en perjuicio de los ciudadanos. ¿Qué ganaron las encuestadoras con esto? ¿Y los medios? ¿Qué ganaron los mexicanos?

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Rafael Giménez Valdés no es un improvisado en el mundo de las encuestas. Politólogo por el ITAM, obtuvo su maestría en Ciencia Política en la Universidad de Connecticut y ha colaborado en la Oficina de la Presidencia de la República y en el Banco de México en el área de investigación
de opinión pública.

A él le correspondió fundar y lanzar el departamento de investigación del diario Reforma, tareas que luego realizó en Milenio.
Conoce, con detalle, a los principales personajes de esta “industria”. Y por eso está convencido de que las prácticas en que incurrieron las encuestadoras hirieron severamente el proceso democrático y la elección.
–Hubo un daño a la democracia mexicana –subraya Rafael Giménez, quien en los meses recientes se desempeñó como coordinador adjunto en la campaña de Josefina Vázquez Mota–. Cuando, de manera sistemática, las encuestas que más se difunden en México están dando ventajas inexistentes a un candidato, se incide en forma negativa en la calidad del proceso electoral.
En su opinión, este pobre desempeño de las encuestadoras tuvo diversos efectos, pero uno de los que más lamenta es la creación de una “sensación colectiva de inevitabilidad”.
Eso fue lo peor, juzga quien también fue encuestador de la Presidencia de la República con Felipe Calderón. “Se creó la idea de que la elección ya estaba decidida, que era inevitable que ganara Peña”.
Y pone un ejemplo de otros perjuicios: “Cuando se preguntaba a la gente quién iba a ganar la elección, 60 por ciento de los ciudadanos decía que Peña, cuando realmente sólo 38 por ciento iba a votar por él. Eso daña la calidad de la democracia, daña la calidad de la participación, de la información”.
Esto quiere decir que miles de votantes fueron a votar con la convicción de que su voto era inútil, y otros se quedaron en su casa porque ya iba a ganar Peña. “La sensación de que era inevitable el triunfo de Peña fue permeando durante toda la elección. Eso sí constituyó un acto de propaganda”.
Si el efecto perverso de la sobrestimación sólo fuera ese, quizá las críticas y señalamientos tuvieran un tono menor, pero hubo un factor multiplicador.
Las voces críticas, incluso dentro del mismo gremio de encuestadores, afirman que esas encuestas fueron fallidas por completo y sirvieron como spots gratuitos en favor de Enrique Peña Nieto.
Y ese, el que consiste en la difusión de una encuesta con información errónea, “es el spot más difícil de contrarrestar porque te lo repiten 40, 50 veces en el día. Llegamos a contar casi 70 repeticiones de la encuesta de Milenio-GEA/ISA en el canal de televisión”, sostiene Rafael Giménez.
Pero no sólo eso, los encuestadores de Excélsior, Radio Fórmula, Parametría y GEA/ISA aparecían en todos lados. Se paseaban por distintos programas, propagando sus números, haciendo creer que el candidato priista era imbatible, “que no había efectos de los debates, que no había efectos de las campañas y que el #YoSoy132 no le quitaba puntos”.
Reafirmaron la imagen de que la elección ya estaba definida. La estrategia iba más o menos así: cuando Peña Nieto cometía un error, “lo contrarrestaban con una encuesta”. Un ejemplo deencuesta”. Un ejemplo de ello, subraya Rafael Giménez, es que al siguiente día de los debates publicaron una encuesta con números favorables para el candidato del PRI, pese a que la medición se había levantado días antes del debate.
No sólo los encuestadores contribuían a la difusión de encuestas equivocadas, sino que tenían eco en periodistas, analistas políticos y demás, que daban por hecho las cosas y mencionaban que era inevitable el triunfo de Peña Nieto. “Estaban diciendo: ‘son ventajas de 30, 40, 25 puntos’”.
“Yo puedo decir —puntualiza Giménez— que escuché en Milenio, 20 o 30 veces a Ciro Gómez Leyva hacer una editorialización de la encuesta en forma agresiva”.
Pero no sólo él lo hizo. En otros espacios informativos, como el de Oscar Mario Beteta o Pepe Cárdenas, ejemplifica, cuando entrevistaban a un encuestador le daban toda la credibilidad a sus números y terminaban diciendo: “bueno, eso quiere decir que ya va a ganar Peña”.

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Del grupo de encuestadoras que sostenidamente sobreestimaron al candidato del PRI, destaca GEA/ISA por lo desmesurado de sus equivocaciones.
En asociación con Milenio, presentó durante 100 días una medición diaria con una constante: siempre, sin importar los tropiezos de Peña Nieto ni el surgimiento del #YoSoy132 o la difusión sobre hechos de corrupción de gobernadores del PRI, por ejemplo, Peña Nieto mostraba una fortaleza inexpugnable y ventajas envidiables sobre López Obrador y Vázquez Mota.
Ni un día varió eso. De hecho, su última medición, que mantuvo la tendencia mostrada de forma constante, fue la más equivocada de todas. La encuesta Milenio-GEA/ISA presentada el 28 de junio le otorgaba a Peña Nieto una ventaja de 18.4 por ciento, tres veces más de lo que ocurrió en la realidad.
El escenario construido por esta firma encuestadora ya había sido puesto en entredicho desde mayo, cuando otras empresas del gremio sí reflejaban números cercanos a la realidad.
El 21 de mayo aparecieron dos mediciones que contradecían lo que venían repitiendo un puñado de encuestadores. Una fue la de María de las Heras/UnoTv, que colocaba al perredista a ocho puntos del priista, y la segunda fue la encuesta de Covarrubias y Asociados, publicada en el portal de noticias SDP (El Sendero del Peje).
Ese día, Ciro Gómez Leyva criticó en su noticiero de Radio Fórmula los números de Covarrubias, que ubicada a López Obrador a nueve puntos de Peña. Dijo que eran “falsos y muy poco creíbles”, que formaban parte de la “propaganda” y “calculaban a favor de su candidato”. Simplemente, aseguró que Covarrubias era la encuestadora de López Obrador.
Luego, vendría una nueva sacudida a los números “sobrestimados” y a sus defensores, pero ésta tuvo mayores repercusiones. El 31 de mayo, el periódico Reforma publicó su encuesta: López Obrador se encontraba a sólo cuatro puntos de Peña Nieto. Los resultados fueron retomados
por casi todos los medios de comunicación y le dieron la vuelta a las redes sociales.

Nuevamente, se descalificaron esos números. Esa noche en su noticiero de televisión, Ciro Gómez Leyva defendió su encuesta y destacó que no era un asunto de fe, “de creerle o no creerle”, sino un ejercicio que no se había hecho y en el que no podían darse el lujo de equivocarse.
No sólo eso, también agregó: “El único dato que definirá nuestro grado de acierto o error es el resultado de la elección. Que los candidatos digan misa y que los otros medios digan lo que quieran… Nos vemos el primero de julio, en esta mesa”.
Hubo un tercer momento de descalificación de encuestas que mostraran resultados menos favorecedores a Peña Nieto. Se produjo durante la emisión del programa Tercer Grado, transmitido por Televisa.
El 12 de junio, un día antes de la transmisión, el Observatorio Universitario Electoral, integrado por académicos universitarios, publicó los resultados de una encuesta encargada a Berumen y Asociados, según los cuales la distancia del priista con respecto a López Obrador era de sólo 6.1 por ciento si se tomaba el término medio de los rangos de votación calculados.
Al día siguiente, el tema de las encuestas se discutió en Tercer Grado. Carlos Marín, director editorial de Milenio, alzó la voz, y palabras más, palabras menos, dijo que la  encuesta fue “contratada, encargada por un grupo de académicos (no por la UNAM), más bien lopezobradoristas, que desde mi punto de vista, mañosa, marrulleramente, ya sabes que en esto hay mucha gente que lo que quiere es hueso, hay esto que le llaman críticos, cartonistas, gacetilleros de Andrés Manuel, que van para diputados, que en
función de eso hacen una encuesta tan hilarante…”.

Detrás de las palabras de Marín, se escuchaban risas. Marín prosiguió con su “análisis” de la encuesta elaborada por Berumen.
“Déjense de payasadas, porque si invertimos el menor puntaje de Peña y el mayor de Andrés Manuel y ponemos el menor de Andrés Manuel, y el mayor de Peña, a estos intelectuales les saldrá, sin albur, el tiro por la culata”.
Inmediatamente la risa se propagó. Casi todos reían. Así, Leopoldo Gómez, el moderador, dio por terminado el programa.

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El 1 de julio llegó. Y según los datos finales del conteo de la elección presidencial, Peelección presidencial, Peña Nieto obtuvo 38.21 por ciento de los votos; López Obrador, 31.59 puntos, y Vázquez Mota, 25.41 por ciento. Los resultados pusieron en evidencia que seis encuestadoras –las más difundidas en los medios de comunicación– sobrestimaron fuera de todo margen
de error las preferencias en favor del PRI.

Los reclamos llegaron de todas partes: candidatos presidenciales, académicos, partidos políticos y ciudadanos. Con este alud de censuras a cuestas, algunos encuestadores intentaron explicar qué pasó.
Ricardo de la Peña, director de GEA/ISA, la única firma que realizó una medición diaria y que siempre le dio una holgada ventaja a Peña, niega que las encuestadoras fueran utilizadas para aportar información sesgada intencionalmente en favor de algún candidato.
Lo que sí pudo suceder, argumenta en entrevista con emeequis, es que los partidos hayan utilizado la información de su encuesta como propaganda o de apoyo a sus estrategias de campaña. Pero eso, dice, no podemos controlarlo.
De la Peña se defiende: “¿Cuál es el argumento para pensar que GEA/ISA está vendida al PRI, cuando en una encuesta publicada en Morelos presentó un dato contrario a los intereses del PRI?”.
Y cuestiona a quienes lo han tachado de favorecer a Peña Nieto: “Estamos vendidos al PRI, ¿pero madreamos al PRI? No entiendo nada”.
A quienes lo han juzgado les reclama por qué no cuestionan también los resultados de GEA/ISA que favorecían a Miguel Ángel Mancera en el DF, o por qué no recuerdan que Buendía & Laredo –otra de las firmas que sobrestimó al PRI– fue la que participó en el proceso interno de selección del candidato del PRD para el gobierno del Distrito Federal.
Así que una vez rechazada la acusación de que son encuestas vendidas, Ricardo de la Peña explica que tal vez uno de los factores que originó el desastroso resultado de su medición es que pudo haber cambios en las preferencias que los encuestadores ya no alcanzaron a medir: “Aparentemente, fueron más las personas que decidieron el sentido de su voto el mismo día de la elección en favor de López Obrador que aquellas que lo hicieron por Peña Nieto”. Otra de sus hipótesis es que probablemente hayan tenido un problema de detección de votantes. “Nosotros entrevistamos al electorado, no al votante. Y ahí pudo haber diferencias”.
Una más, trata de entender De la Peña, es que el ciudadano haya reportado una intención de voto que finalmente no coincidió con su sufragio. “A lo mejor la gente tendía a responder más por un partido que por un candidato, y, al final, hubo quienes votaron más por el candidato que por el partido”.
Y aunque es quien más señalamientos negativos ha recibido, De la Peña no fue el único encuestador en equivocarse severamente en los resultados de sus mediciones.
Francisco Abundis, director de Parametría, firma que trabajó con la cadena de periódicos de El Sol de México, la misma que realizó un muy cuestionable trabajo informativo cuando Enrique Peña Nieto tuvo el incidente en su presentación en la Universidad Iberoamericana, también lo hizo.
Parametría asignó en su encuesta final una ventaja de 15 puntos en favor de Peña Nieto, es decir, unos 7 millones y medio de votos sobre López Obrador, cuando quedó en 3 millones, según las cifras finales. Eso da una idea de la magnitud de la sobreestimación.
En un documento publicado en el sitio web de Parametría, Abundis reconoce que dos terceras partes de las mediciones preelectorales –GEA/ISA, Consulta Mitofsky, Buendía&Laredo, BGC, Parametría e incluso Covarrubias y Asociados o Reforma– sobrestimaron al PRI en un margen de tres a 11 puntos porcentuales. “Ese es el hecho”.
Y trata de encontrar la razón en dos factores: un error de medición o un cambio en la decisión del elector. La evidencia que tiene Parametría para afirmar que los electores cambiaron al último es que el sábado anterior a la elección la diferencia era de 10 puntos y ya no de 15 puntos, como se publicó en la última medición preelectoral.
En conclusión, dice Abundis, al ser casi dos terceras partes de los encuestadores los que sobreestimaron al PRI o subestimaron al PRD, “el ‘error’ fue genérico y atribuible a un fenómeno medible, llamémosle clima electoral, percepción de ganador o espiral del silencio”.
Y de refilón reparte culpas con los medios de comunicación que difundieron las encuestas cuestionadas:
“No podemos dejar pasar que los medios hicieron de nuestras mediciones un espectáculo mediático. Tal vez el mejor ejemplo es GEA-ISA con Milenio Diario. Una vez que el espectáculo se acabó, el medio no asume responsabilidad y simplemente decide deslindarse del investigador, incluso ofreciendo disculpas. Fue el medio el que dijo que eran predicciones, no el investigador. El medio se exculpa responsabilizando al investigador, cuando es el medio el que creó la percepción de pronóstico”.
Otros encuestadores también realizaron a toro pasado su explicación de las cosas. Uno de ellos fue Jorge Buendía, de Buendía&Laredo, la firma que midió preferencias electorales para El Universal. En las páginas de ese diario, dijo lo mismo que los demás: que se sobreestimó al PRI y se subestimó al PRD, pero negó que haya habido una muestra sesgada en favor de Peña Nieto y explicó que la discrepancia entre las mediciones previas y el resultado final pudo radicar en las “personas que estaban indecisas a una semana de la elección”. Hasta ahí llegó.
Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, también participó en el ejercicio de justificación del
gremio ante sus equivocaciones. En entrevista radiofónica aseguró que no hubo una manipulación de los datos y trató de explicar que la diferencia entre su última encuesta y el resultado se debió a que el día de la elección hubo cambios “que a esas alturas ya no se pudieron medir”.

En el caso de él, la sobreestimación alcanzó cotas muy altas: le daba ventaja de 16 por ciento a Peña Nieto.

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La carta fue directa y concisa: Ana Cristina Covarrubias, directora de Covarrubias y Asociados, le pedía a Ciro Gómez Leyva que extendiera una disculpa a la firma que representa por haberla atacado “arteramente”.
En el documento enviado el 3 de julio la encuestadora que publicó sus resultados en el portal de noticias El Sendero del Peje remataba: “El tiempo pone las cosas en su lugar y Covarrubias ha demostrado, una vez más, que sus estimaciones son correctas y que es una casa que se distingue por su ética profesional”.
Gómez Leyva tuvo que disculparse. En su columna publicada el 6 de julio, dijo que lo lamentaba y pidió disculpas. “No sé si sea suficiente, ya que eso no me toca determinarlo, pero es una disculpa sincera para Covarrubias y Asociados, al Sendero del Peje, que difundió dicha encuesta, y muy en especial a Ana Cristina”.
En entrevista con emeequis, Ana Cristina Covarrubias lamenta que en todas las elecciones pase eso: una guerra política, en la que quienes no ven los números reales descalifican a la encuesta que no les gusta. “No es la primera vez que me ha ocurrido”.
Aquí la responsabilidad de los que se equivocaron y descalificaron era pedir disculpas. Por eso, dice, se la solicitó al conductor del noticiero de Milenio TV. “Él me la dio y la acepto y se la agradezco”.
La siguiente carta que enviará para solicitar disculpas será a Leo Zuckerman, quien en un encuentro en El Colegio de México en el que se analizaron las encuestas, se refirió así: “Otra encuesta que ha salido es la del Sendero del Peje, que en el nombre lleva el sesgo que tiene”. Ana Cristina dice: “Está totalmente desinformado y fuera de lugar su comentario. Hay una agresión indebida nomás porque no le gustaron los números al señor Zuckerman”.
Pero al final de cuentas, los resultados le dieron la razón, se ufana. Su encuesta fue la más precisa de las que se publicaron en el momento final de la elección. “Doy números exactos respecto a los que obtuvieron Vázquez Mota y Peña Nieto”. Aunque con Andrés Manuel la precisión le falló en tres puntos, reconoce.
A los que la tachaban de “pejista”, les dice: “Esto es para que vean que las cifras que doy son producto de un trabajo profesional y no están viciadas por ningún tipo de sesgo político”.
Hay otros actores involucrados a los que no les basta con una disculpa. En su último mensaje en la que fuera su casa de campaña, Josefina Vázquez Mota dijo que las encuestas sirvieron como instrumentos propagandísticos y no basta con un “me equivoqué, usted disculpe”.
Ella no fue la única molesta por la sobrestimación al PRI. Andrés Manuel López Obrador dijo que pondrían en conocimiento de los tribunales el daño que las encuestas causaron a la democracia. “No basta una disculpa y un me equivoqué”, dijo el candidato de las izquierdas, sino que hace falta saber “quién pompó esas encuestas”.
En el juicio de inconformidad que integró la coalición de izquierda en su intento por invalidar la elección presidencial, se documentan múltiples irregularidades.
Entre ellas se destaca la inequidad en los medios de comunicación y la proliferación de encuestas que “fueron utilizadas como un método de propaganda y de inducción del voto”.

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Las casas encuestadoras que erraron en sus diagnósticos y los medios de comunicación que los transmitieron deberán pagar un mismo costo: el debilitamiento de la credibilidad. “La lastimamos seriamente”, admite Ricardo de la Peña.
Esto lo secunda Rafael Giménez: “Las encuestadoras se enfrentan ante la peor crisis de credibilidad. Estos resultados fueron los que más distantes han estado de la realidad y los que más efectos perversos tuvieron en la elección”.
El problema, se lamenta, es que no les va a ir tan mal a quienes se “equivocaron”. Aunque uno pensaría que “el mercado los va a castigar”, no ha ocurrido así. “En 2010 estuvieron muy mal y en 2012 tuvieron más trabajo”, recuerda Giménez.
María de las Heras sólo espera que las encuestadoras que fallaron ahora sí revisen sus métodos, como lo debieron hacer desde 2010.
Por su lado, Ricardo de la Peña reparte culpas. La responsabilidad de lo sucedido también se la adjudica a los partidos políticos y a los medios de comunicación. “Tampoco son inocentes, todos somos corresponsables”.
El director de GEA/ISA dice que al igual que su “marca”, un medio de comunicación que aportó información que no fue del todo coincidente con los resultados tendrá como secuela una menor credibilidad entre su público y pondrá en riesgo su posición en el mercado.
En su opinión, algunos medios no pagarán ningún costo, otros lo harán en menor medida y unos más, como Milenio, pagarán un alto costo. Este medio, explica De la Peña, le apostó más a la encuesta presidencial y le dio menos peso a la del Distrito Federal, que finalmente fue la que tuvo más cercanía a la realidad.
María de las Heras no piensa que a los medios de comunicación les preocupe la pérdida de credibilidad. “Mientras lo único que les importe sea el negocio, vamos a ver que este asunto se repite constantemente”.

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Gabriel Sosa Plata, uno de los especialistas más respetados en medios de comunicación, hizo este análisis revelador en el portal La Silla Rota:
GEA/ISA, la encuestadora con mayor margen de error en sus pronósticos sobre la elección presidencial, fue paradójicamente la más mencionada en los medios electrónicos de comunicación durante el proceso electoral, con base en el monitoreo final de la UNAM y el IFE. ¿Pudo o no tener un impacto el reproducir una mentira o, para no entrar en polémica, un ‘diagnóstico’ errado que se difundió diariamente a nivel nacional, lo mismo en un noticiario de Villahermosa que en uno de Monterrey o en la capital del país?
“La respuesta no la tenemos, pero algún efecto debió tener en la opinión pública y quizás en la decisión del voto.
“En contraparte, las encuestas que tuvieron los resultados más cercanos a lo ocurrido el 1 de julio fueron las menos difundidas en los medios electrónicos en una proporción de 5 contra 100, es decir, 49 menciones a los resultados presentados por Demotecnia e Ipsos-Bimsa –que pronosticaron una diferencia de 7.8 y 7 puntos, respectivamente, entre Peña Nieto y López Obrador–, contra más de mil 30 menciones al trabajo desarrollado por GEA-ISA.
“Otras encuestadoras que sobrestimaron al candidato del PRI y lo colocaron con 15 puntos arriba del candidato de las izquierdas también tuvieron amplia cobertura en los espacios informativos: Consulta Mitofsky, con 310 menciones, y Parametría, con 215.
Reforma, que estimó en su última medición previa a las elecciones una diferencia de 10 puntos entre ambos candidatos, fue mencionado en 214 ocasiones. A su vez, Beltrán y Asociados, que en sus encuestas para Excélsior puso a Peña Nieto 16 puntos arriba sobre López Obrador, tuvo 57 menciones.
“Si se suman todas las menciones de las empresas encuestadoras que reiteradamente ‘diagnosticaron’ que Peña Nieto ganaría con dos dígitos de diferencia, la cantidad es importante: más de mil 800, esto es, al menos unas 20 menciones diarias en diferentes noticiarios del país, con variados rangos de coberturas, audiencias e influencia”.

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